El fin de la era del software pasivo
Durante más de dos décadas, el software empresarial cumplió una función clara y limitada: registrar información, ordenar procesos y ejecutar exactamente lo que los humanos le indicaban. Ese equilibrio, sin embargo, está llegando a su fin. Así lo advierte Paulo Secco, CEO de MIGNOW, quien sostiene que el sector atraviesa un punto de inflexión silencioso pero profundo.
«Las personas tomaban decisiones; los sistemas ejecutaban», resume Secco al describir la lógica que moldeó el software corporativo durante décadas. Esa dinámica, afirma, está comenzando a cambiar.
De generar contenido a tomar decisiones
Tras la ola inicial de entusiasmo por la inteligencia artificial generativa —capaz de redactar textos, crear imágenes o responder preguntas—, el directivo identifica una transformación de mayor calado: la llegada de agentes inteligentes que ya no se limitan a producir contenido, sino que ejecutan tareas, interactúan entre distintas aplicaciones y toman decisiones operativas dentro de márgenes previamente definidos por las organizaciones.
«Está surgiendo una nueva generación de aplicaciones que se comporta más como un operador digital que como un sistema pasivo», explica Secco, quien matiza que este giro no lo sorprende. «Para quienes hemos seguido de cerca la evolución de la inteligencia artificial aplicada a los sistemas empresariales durante muchos años, este cambio no representa una ruptura inesperada, sino la evolución natural de una tecnología que finalmente ha alcanzado la madurez necesaria para asumir un papel más activo en las operaciones.»
Un cambio comparable al de la nube
El CEO de MIGNOW traza un paralelismo con uno de los mayores puntos de inflexión tecnológicos recientes. «Si la computación en la nube transformó la infraestructura tecnológica de las organizaciones durante los últimos veinte años, el auge de los agentes autónomos podría provocar un cambio igual de relevante en la forma en que se utiliza la tecnología», sostiene. Y advierte que el fenómeno va más allá de automatizar tareas puntuales: «No se trata únicamente de automatizar actividades. Se trata de modificar la propia naturaleza del software.»
Esa premisa lo lleva a plantear lo que considera la pregunta central para los próximos años, distinta de la que suele dominar el debate público. «Quizás por eso, la pregunta más importante para los próximos años no sea ‘¿cómo implementar inteligencia artificial?’, sino algo mucho más fundamental: ¿está nuestra arquitectura tecnológica preparada para convivir con agentes inteligentes?»
El peso de los sistemas heredados
Para Secco, esta discusión sigue siendo insuficiente dentro de las organizaciones. «Gran parte de las organizaciones sigue intentando conectar tecnologías del futuro con arquitecturas concebidas para un pasado en el que los sistemas eran simplemente repositorios de información y herramientas de ejecución», señala.
El directivo describe cómo, a lo largo de los años, las empresas fueron acumulando aplicaciones, integraciones y personalizaciones que sostuvieron su operación diaria, pero que a la vez generaron entornos tecnológicos cada vez más fragmentados y difíciles de evolucionar. Ese modelo, dice, funcionó mientras los sistemas solo almacenaban datos. El problema surge ahora: «Cuando la inteligencia artificial depende de datos consistentes, integración entre aplicaciones y capacidad de adaptación continua, la complejidad deja de ser únicamente un desafío operativo para convertirse en una limitación estratégica.»
Adoptar IA no es lo mismo que estar preparado para ella
Uno de los planteamientos centrales de Secco es la distinción entre incorporar herramientas de inteligencia artificial y contar con la base tecnológica necesaria para sostenerlas. «Existe una diferencia importante entre adoptar inteligencia artificial y estar preparado para operar en una economía impulsada por la IA», afirma.
Su argumento es que los agentes autónomos no generan valor de forma autónoma, sino que potencian lo que ya existe en la organización, para bien o para mal. «Los agentes inteligentes no crean valor por sí solos. Amplifican aquello que ya existe. Si los datos están fragmentados, si los procesos son excesivamente complejos o si la arquitectura tecnológica ha sido construida sobre sucesivas capas de adaptaciones, la inteligencia artificial tenderá a acelerar los problemas con la misma velocidad con la que podría generar ganancias de productividad.»
Una cifra que respalda la advertencia
El CEO de MIGNOW respalda su diagnóstico con un dato de la consultora Gartner: más del 40% de los proyectos de inteligencia artificial agéntica serán abandonados antes de 2027, ya sea por expectativas poco realistas o por falta de valor tangible para el negocio.
«Esta proyección revela que la próxima ventaja competitiva no estará necesariamente en quienes adquieran más herramientas de IA, sino en quienes sean capaces de construir plataformas con capacidad de evolucionar continuamente», interpreta Secco.
El fin de la transformación digital como proyecto cerrado
Para el directivo, buena parte del error de enfoque de las organizaciones radica en tratar la modernización tecnológica como una iniciativa con fecha de cierre. «Durante mucho tiempo, la transformación digital fue tratada como un proyecto con principio, desarrollo y final. Pero la lógica de la inteligencia artificial apunta en otra dirección», advierte.
Y aclara que este proceso no nació con la popularización reciente de la IA generativa: «Es el resultado de una evolución tecnológica que se viene construyendo desde hace años y que ahora comienza a escalar dentro de las empresas.» En un contexto donde la tecnología, los datos y la automatización cambian en ciclos cada vez más cortos, concluye, «la modernización deja de ser una iniciativa puntual y se convierte en una capacidad permanente.»
Trabajar junto a los agentes, no solo con ellos
Secco cierra su reflexión con una mirada hacia el futuro inmediato de la competitividad empresarial. «Las empresas que lideraron la transformación digital durante las últimas décadas fueron aquellas que aprendieron a operar en red. Las que liderarán los próximos veinte años probablemente serán las que aprendan a trabajar junto a agentes inteligentes», plantea.
Sin embargo, advierte que el margen de reacción es limitado: «El desafío es que esos agentes ya están llegando.»
La reflexión final del CEO de MIGNOW apunta a un cambio de paradigma que, según él, trasciende el temor más extendido en torno a la inteligencia artificial. «Quizás la mayor disrupción provocada por la inteligencia artificial no esté en la sustitución de las personas», concluye, «sino en la sustitución del propio concepto de software que hemos conocido durante décadas.»
(trendtic.cl)
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