La oportunidad oculta en el almacenamiento de energía para Data Centers  

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Cuando se habla de centros de datos, la conversación suele girar en torno a GPU, servidores, redes, refrigeración y densidad de racks. Pero hay otra parte de la infraestructura que merece más atención: cómo se almacena y se gestiona la electricidad una vez que llega a la instalación. Así lo plantea Rahul Parekh, director de Eteron Technologies, quien sostiene que la expansión de la inteligencia artificial y la computación de alto rendimiento está cambiando las reglas del juego.

De equipo de respaldo a pieza activa

Las baterías forman parte de los centros de datos desde hace años, sobre todo dentro de los sistemas de alimentación ininterrumpida (UPS). Su función tradicional es mantener operativos los equipos críticos cuando se interrumpe el suministro, hasta que otra fuente, como un generador, toma el relevo. Ese papel sigue siendo esencial, pero los operadores empiezan a mirar el almacenamiento con más amplitud.

Ahí entran los sistemas de almacenamiento de energía en baterías a escala de instalación (BESS, por sus siglas en inglés). Según el diseño del centro de datos y las condiciones energéticas locales, pueden servir para reducir picos de demanda, desplazar el consumo a otros periodos y trabajar en conjunto con generación renovable. Es decir, el almacenamiento deja de ser solo una solución para emergencias y pasa a intervenir en la operación diaria.

UPS y BESS no cumplen el mismo trabajo

Parekh advierte que no conviene meter todas las baterías en la misma categoría. Las de los UPS están ligadas a la continuidad de las cargas críticas: responden rápido ante una perturbación y aportan energía suficiente para cubrir el hueco hasta que entra otra fuente. Un BESS, en cambio, se diseña para necesidades más amplias de la instalación, como guardar electricidad para usarla después, aliviar la demanda en horas de alto consumo o compensar el desfase entre generación renovable y consumo.

Un sistema pensado para unos minutos de respaldo crítico no sirve necesariamente para gestionar energía durante periodos largos. Por eso, plantea, los centros de datos probablemente necesitarán una combinación de tecnologías y no una solución universal.

La IA cambia la forma de la carga

El cambio más relevante que trae la IA no es solo cuánta electricidad se consume, sino cómo evoluciona ese consumo en el tiempo. Los grandes clústeres de GPU y aceleradores pueden provocar variaciones bruscas de demanda cuando arrancan cargas de trabajo masivas o cuando muchos servidores operan a la vez. Una infraestructura diseñada para cargas estables puede necesitar apoyo adicional ante estos saltos.

La pregunta, por tanto, ya no es únicamente cuánta potencia necesita la instalación, sino con qué rapidez puede responder el sistema eléctrico cuando esa necesidad cambia.

Supercondensadores para los picos más rápidos

En ese escenario ganan atención los supercondensadores. A diferencia de las baterías convencionales, más adecuadas para almacenar grandes cantidades de energía durante periodos prolongados, están diseñados para cargarse y descargarse de forma casi instantánea. Eso los hace útiles en eventos breves en los que prima la velocidad de respuesta sobre la duración.

En un centro de datos de IA, pueden ayudar a absorber cambios repentinos de demanda, apoyar transiciones de potencia de corta duración y suavizar variaciones rápidas de la carga. Según Parekh, complementan a las baterías en lugar de reemplazarlas, lo que apunta a un enfoque por capas: las baterías aportan capacidad energética, los supercondensadores atienden los eventos breves, los UPS protegen los equipos críticos y los BESS respaldan la gestión energética de toda la instalación.

Cambiar cuándo se usa la electricidad

El almacenamiento también permite modificar el momento del consumo. Si un centro de datos dispone de energía renovable en una franja horaria pero concentra su demanda computacional en otra, un sistema bien dimensionado puede retener parte de esa energía para usarla después. Lo mismo ocurre en los picos de demanda: descargar electricidad almacenada reduce la potencia que se toma de la red en ese momento.

Estos conceptos, conocidos como peak shaving (recorte de picos) y load shifting (desplazamiento de carga), hacen que el almacenamiento sea relevante más allá del plan de contingencia. El valor, apunta el directivo, está en controlar cuándo se consume la electricidad, y no solo cuánta hay disponible.

La tecnología dependerá de la carga

No existe una configuración única. Un centro de datos empresarial, un sitio de colocación y un gran campus de IA tienen perfiles de potencia, necesidades de respaldo y condiciones operativas muy distintos, e incluso dentro de una misma instalación pueden convivir soluciones diferentes. Por eso la planificación resulta clave: hay que evaluar las características de la carga de TI, la duración de respaldo requerida, la frecuencia de carga y descarga, el espacio disponible, la integración con los UPS existentes y el papel de las renovables.

La química de las baterías también influye. El plomo-ácido sigue siendo una tecnología consolidada en aplicaciones UPS, mientras que las baterías de ion-litio ganan terreno por su mayor densidad energética, menor tamaño y mayor vida útil. La cuestión, resume Parekh, no es qué tecnología es la más avanzada, sino cuál es la adecuada para cada tarea.

Hacia una arquitectura eléctrica coordinada

El futuro del almacenamiento en centros de datos, según el ejecutivo, no pasa por sustituir una tecnología por otra, sino por hacer que varias trabajen juntas: UPS que protejan las cargas críticas, baterías que aporten energía almacenada, BESS para la gestión energética general, supercondensadores para las fluctuaciones rápidas y fuentes renovables que contribuyan cuando estén disponibles. Controles inteligentes decidirían cómo opera cada recurso según las necesidades de la instalación.

Esa coordinación, añade, será cada vez más valiosa a medida que las cargas de IA se vuelvan más grandes, densas y dinámicas.

Pensar en el almacenamiento desde el inicio

Parekh subraya que los sistemas de apoyo no pueden tratarse como una consideración secundaria. La arquitectura eléctrica condiciona cuánta infraestructura de cómputo puede soportar una instalación, y el almacenamiento determina cómo se gestiona esa energía. Las decisiones tomadas en las primeras etapas de un proyecto influyen en la capacidad futura de adaptación, por lo que el almacenamiento debería incorporarse durante la planificación y no añadirse una vez definida la arquitectura eléctrica principal.

El objetivo, concluye, no es instalar el mayor sistema de baterías posible, sino entender cómo se comporta la energía en la instalación y determinar dónde el almacenamiento aporta un valor real. Los centros de datos del futuro, sostiene, quizá no solo necesiten más potencia, sino mejores formas de gestionarla, amortiguarla y aprovecharla.

Seguiremos brindándote más información sobre este tema en las siguientes presentaciones físicas y digitales de Channel News Perú

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