¿Necesitarán los centros de datos adaptarse en el futuro próximo para albergar capacidades cuánticas?

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Durante la última década, la disputa por captar inquilinos ancla para nuevos centros de datos ha girado en torno a una sola pregunta: ¿cuánta energía se puede entregar y con qué rapidez? Con la IA impulsando una demanda extraordinaria de capacidad, eso difícilmente cambiará pronto. Sin embargo, una voz de la industria que se presenta en nombre del Quantum Infrastructure Council plantea que podría sumarse una segunda interrogante: ¿podría un sitio acomodar una computadora cuántica?

La propuesta, formulada por un profesional con larga trayectoria en el sector, es incorporar a la debida diligencia habitual (disponibilidad eléctrica, conexión a la red, conectividad, permisos, agua, impacto ambiental y capacidad de escalar) una «Evaluación Cuántica»: un análisis estructurado para determinar si un sitio o instalación existente podría alojar infraestructura cuántica y qué modificaciones requeriría. No se trataría de crear una industria de consultoras con informes costosos; para muchos desarrolladores, bastaría una revisión inicial de escritorio.

Otra clase de infraestructura, no necesariamente más energía

A diferencia de la IA, los equipos cuánticos no demandan necesariamente enormes cantidades de electricidad. Lo que necesitan es un tipo distinto de infraestructura, y las exigencias varían según la arquitectura: superconductora, de iones atrapados, de átomos neutros, fotónica u otras. Un sitio adecuado para una tecnología podría ser inviable para otra.

El autor identifica cuatro áreas clave:

  • Calidad eléctrica, no solo cantidad. Estabilidad, ruido eléctrico, puesta a tierra y resiliencia pueden pesar tanto como los megavatios disponibles.
  • Infraestructura criogénica. Los sistemas superconductores operan a temperaturas de milikelvin, cercanas al cero absoluto, con refrigeración especializada independiente de la climatización convencional del centro de datos. Aun así, generan consideraciones para el edificio: rechazo de calor, suministro eléctrico, carga sobre el suelo, espacio para plantas, acceso de mantenimiento y trazado de servicios. Otras tecnologías, como las de átomos neutros e iones atrapados, requieren láseres, óptica y sistemas de vacío.
  • Vibración e interferencia electromagnética. Estos sistemas pueden ser muy sensibles a su entorno, por lo que el aislamiento de vibraciones, la ubicación de los equipos y el blindaje electromagnético podrían volverse relevantes.
  • Conectividad y cercanía a la computación clásica. El futuro, sugiere, puede no estar en centros de datos exclusivamente cuánticos, sino en instalaciones híbridas que combinen computación clásica, IA, HPC y procesadores cuánticos, donde la conectividad, la seguridad y la soberanía de datos serán determinantes.

Ya ocurre en entornos comerciales

El autor sostiene que esto no es teórico. Tras visitar a Oxford Quantum Circuits (OQC) y su instalación en CenterSquare, en el Reino Unido, destaca que se trata de un ordenador cuántico operando en un entorno de colocation comercial, no en un laboratorio universitario. OQC también ha desplegado sistemas en la instalación TY11 de Equinix en Tokio y colabora con Digital Realty y NVIDIA en JFK10, en Nueva York, para integrar computación cuántica e infraestructura de IA.

Para el ejecutivo, la pregunta ya no es si estos equipos pueden funcionar en centros de datos comerciales, sino cómo desplegarlos a escala, qué arquitecturas triunfarán y qué infraestructura harán falta.

El respaldo público empuja el cambio

El caso del Reino Unido ilustra el momento. La Estrategia Nacional Cuántica comprometió 2.500 millones de libras a diez años, con la meta de contar para 2035 con computadoras cuánticas accesibles en el país capaces de realizar un billón de operaciones coherentes. En marzo de 2026, el Gobierno anunció un paquete adicional de hasta 2.000 millones de libras, que incluye un programa de adquisiciones de hasta 1.000 millones para computadoras cuánticas a escala comercial. El autor ve en ello el paso de financiar investigación a comprar y desplegar infraestructura de cómputo.

Entre los avances concretos menciona:

  • Infleqtion anunció en marzo un sistema operativo de 100 qubits físicos en el Centro Nacional de Computación Cuántica (NQCC) del Reino Unido.
  • IonQ prevé desplegar un sistema de 256 qubits en la Universidad de Cambridge y el 15 de octubre inauguró allí su Quantum Innovation Centre.
  • El NQCC, en el campus de Harwell (Oxfordshire), trabaja para acercar la investigación al despliegue comercial.

¿Un nuevo tipo de inquilino ancla?

El autor admite que esto no generará una demanda inmobiliaria comparable a la de la IA: una computadora cuántica no absorberá pronto un campus de 100 MW. Pero sostiene que un inquilino ancla no necesita ocupar un desarrollo completo para ser estratégicamente valioso: puede dar credenciales a una instalación, atraer un ecosistema de organizaciones afines o respaldar una propuesta de computación híbrida, sobre todo cerca de universidades, polos de innovación e instalaciones HPC.

Entre los posibles inquilinos o socios cita:

  • Empresas de hardware cuántico que salen del laboratorio.
  • Instituciones de investigación y centros nacionales de cómputo.
  • Operadores de HPC que quieran integrar capacidades cuánticas.
  • Operadores de colocation que ofrezcan acceso cuántico seguro.
  • Organizaciones que requieran infraestructura cuántica soberana o dedicada.

Qué entregaría una evaluación

La propuesta es comparar propiedades existentes o proyectadas con unos pocos criterios: energía y su acondicionamiento; sistemas de refrigeración y ambientales; entorno físico (vibraciones, interferencias, restricciones estructurales); conectividad con infraestructura HPC, en la nube o de investigación; ubicación respecto de ecosistemas cuánticos y clientes potenciales; y el costo real de adaptar el edificio a una arquitectura específica.

El resultado no sería un sello de «listo para lo cuántico», expresión que el autor prefiere evitar mientras los requisitos no estén estandarizados, sino una valoración informada de la idoneidad del inmueble para distintas tecnologías y la inversión probable. Eso permitiría a un desarrollador acercarse a un inquilino cuántico con algo más convincente que «tenemos espacio y energía de sobra».

Un panorama global con modelos distintos

El Reino Unido cuenta con un ecosistema concentrado, lo que facilita anticipar dónde surgirá la demanda. Estados Unidos tiene uno mucho mayor y diverso, con empresas como IBM, Google e IonQ siguiendo enfoques distintos. La Unión Europea invierte mediante iniciativas nacionales y programas como EuroHPC, que integran computadoras cuánticas con la infraestructura de supercomputación existente. Los modelos comerciales difieren, pero el desafío es común: aportar la infraestructura física para llevar la computación cuántica de la investigación al despliegue comercial a gran escala.

Adelantarse a la conversación

El autor aclara que no propone rediseñar los planes de desarrollo en torno a lo cuántico, dados los retos actuales de IA, suministro eléctrico, permisos, cadenas de suministro y capacidad de construcción, y reconoce que nadie sabe cuán grande ni cuán rápido será este mercado. Aun así, cree que una evaluación modesta de sitios seleccionados podría revelar oportunidades y abrir conversaciones con una categoría de inquilinos a la que pocos desarrolladores apuntan hoy.

Su conclusión: es probable que la computación cuántica y la clásica operen cada vez más en paralelo, de modo que a la pregunta «¿cuántos megavatios podemos entregar?» quizá convenga añadir otra: «¿podría este sitio acomodar la próxima generación de computación?». El autor cierra invitando a desarrolladores, operadores y a la comunidad cuántica a opinar si la Evaluación Cuántica debería incorporarse ya a la planificación o si aún es prematuro.

Seguiremos brindándote más información sobre este tema en las siguientes presentaciones físicas y digitales de Channel News Perú

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