La guerra en Irán podría afectar al gasto mundial en TI, advierte IDC

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El conflicto en Oriente Medio amenaza con pesar mucho sobre la economía mundial, ya que se espera que el alza de los precios del petróleo frene el crecimiento del PIB y empuje a empresas y consumidores a reducir el gasto en tecnología, según los analistas de IDC. La pregunta clave —y una con pocas respuestas— es cuánto tiempo continuarán los combates. La guerra, que ya dura casi tres semanas, comenzó el 28 de febrero cuando Israel y EE. UU. lanzaron ataques contra Irán, matando al líder supremo de esa nación, junto con otros altos cargos. En represalia, Irán ha cerrado de facto el estrecho de Ormuz, interrumpiendo el flujo mundial de petróleo.

Un conflicto que termine en menos de tres meses daría lugar a “una reducción moderada del gasto en TI a finales de año”, señaló Stephen Minton, vicepresidente del grupo IDC, en un encuentro online celebrado esta semana. “Si se prolonga más allá de ese plazo, ese sería el momento en el que tendríamos que plantearnos una reducción más significativa del gasto global”.

Tres escenarios

IDC esbozó tres posibles escenarios, que van desde un conflicto breve con un impacto económico mínimo hasta una guerra prolongada que mermaría significativamente los niveles de gasto global en TI.

La visión menos disruptiva es que el conflicto duraría unas semanas, lo que provocaría un repunte temporal de los precios del petróleo y solo una pequeña revisión de las perspectivas previas a la guerra para el gasto global en TI. Pero, al no haber señales de un alto el fuego por el momento, los analistas consideran ahora que un segundo escenario es cada vez más probable.

En ese caso, los combates podrían prolongarse durante meses, hasta mediados de año. Esto provocaría un “impacto significativo en la economía regional y mundial”, afirmó Minton, a medida que los costes energéticos se disparan y los precios del petróleo alcancen una media anual de entre 85 y 95 dólares por barril. Los efectos colaterales incluirían mayores costes energéticos para el funcionamiento de los centros de datos, el aumento de los costes de fabricación de componentes como los semiconductores, el incremento de los gastos de la cadena de suministro y unas presiones inflacionistas más generalizadas que erosionarían los presupuestos de TI.

El resultado sería una pequeña caída porcentual en el crecimiento del gasto mundial en TI para 2026 en comparación con las estimaciones previas a la guerra, pasando del 9,7% al 8,8% a nivel mundial (en el caso concreto de EE. UU., IDC prevé que el crecimiento caiga del 12,4% al 11,4%). Las previsiones de gasto en TI de la consultora abarcan las compras de clientes empresariales, consumidores y proveedores de servicios.

Es probable que las consecuencias agraven el descenso previsto en las ventas de ordenadores personales y teléfonos inteligentes este año, que ya se prevé que caigan más de un 10 % interanual debido a la escasez de memoria RAM. “Todo esto solo hace que sea cada vez más difícil para los consumidores —y las empresas— decidirse a invertir en la sustitución de sus dispositivos a corto plazo”, afirmó Minton.

El tercer escenario de IDC prevé una guerra más prolongada que dure más de tres meses. En ese caso, los precios del petróleo se mantendrían por encima de los 100 dólares el barril durante un periodo prolongado, con una caída más pronunciada del gasto en TI a nivel mundial. IDC no dio detalles sobre ese escenario dada la considerable incertidumbre en torno a cómo podría evolucionar la situación.

Recortes en los presupuestos de hardware, pero la IA y la ciberseguridad se mantienen a salvo

Un conflicto que dure menos de tres meses implicaría recortes “selectivos” en lugar de recortes generales en el gasto, afirmó Minton. Esto se debe en parte a que los presupuestos de TI se han vuelto más resistentes en una era de gastos de capital y contratos de suscripción plurianuales.

Si el conflicto se prolonga durante el verano, las empresas podrían reconsiderar la renovación de los contratos para 2027, pero la prioridad inicial de los recortes probablemente recaerá en el gasto de capital, con retrasos en las inversiones en hardware, como la renovación del parqué de ordenadores, y en el “gasto en TI basado en proyectos”, que incluye los servicios de consultoría, señaló Minton.

IDC prevé que las empresas aumenten el gasto en determinadas áreas, principalmente en forma de reasignación presupuestaria.

“En este entorno, la ciberseguridad sigue siendo una de las áreas más resistentes del gasto en TI”, afirmó Ranjit Rajan, vicepresidente de investigación de IDC, Worldwide C-Suite Tech Agenda. “Ya estamos observando un aumento de la actividad cibernética, incluyendo malware, ataques DDoS, campañas de phishing e intentos de impactar en infraestructuras críticas”, señaló Rajan, indicando que sectores como las telecomunicaciones, los servicios públicos y las empresas de servicios financieros suelen ser blanco de ataques durante los conflictos, junto con los gobiernos y los proveedores de servicios en la nube. “Como resultado, las organizaciones acelerarán ahora las inversiones en áreas como la inteligencia sobre amenazas, la gestión de incidentes, la respuesta, los centros de operaciones de seguridad, la recuperación ante desastres y el refuerzo de la infraestructura, para fortalecer la resiliencia”.

Es probable que los presupuestos de IA también se mantengan protegidos. “La IA sigue siendo una prioridad de inversión estratégica a nivel mundial, y se espera que se mantenga en gran medida inmune a los recortes generalizados en los presupuestos de TI”, afirmó Rajan. “Las organizaciones podrían tratar de proteger las inversiones en IA, ya que están estrechamente vinculadas a la competitividad a largo plazo y al aumento de la productividad”.

Un gasto en TI “resiliente” y dudas sobre las inversiones en hiperescalares en Oriente Medio

En la región de Oriente Medio y África (MEA) en concreto, IDC prevé que el crecimiento del gasto en TI caiga del 4,9% al 3,7%, impulsado principalmente por una caída del gasto de los consumidores; el gasto en TI de las empresas “se espera que sea más resiliente”, afirmó Rajan.

“La duración de la guerra es el factor decisivo en este caso; si se limita a menos de tres meses, prevemos una recuperación parcial en la segunda mitad de 2026, ya que muchos proyectos podrían reanudarse. Pero entonces, por supuesto, se recalibrarán los presupuestos. Sin embargo, un conflicto más prolongado alargará los ciclos de decisión y empujará a más proyectos hacia implementaciones por fases, reducciones de escala y cancelaciones”, dijo Rajan.

Las inversiones en computación en la nube seguirán su curso, pero es probable que cambien los requisitos empresariales. “Este conflicto marca un cambio sustancial en el sector de la nube”, afirmó Rajan. “Por primera vez, las principales regiones de hiperescala operan dentro de una zona de conflicto activo. Esa realidad cambia la forma en que las empresas perciben el riesgo geográfico”.

La arquitectura de múltiples zonas de disponibilidad se convertirá en el “estándar mínimo aceptable para las empresas”, afirmó, mientras que “la implementación multirregional se impondrá como el diseño predeterminado para las cargas de trabajo de misión crítica”. “La resiliencia ya no será solo un requisito de cumplimiento, sino que se está convirtiendo cada vez más en una preocupación a nivel directivo directamente vinculada a la continuidad operativa de las empresas y, por supuesto, de los proveedores de SaaS que utilizan estas mismas infraestructuras de nube”, agregó.

Una cuestión pendiente es cómo podría afectar el conflicto a las inversiones en curso de los hiperescalares en la región, dados los ataques militares selectivos contra proveedores de centros de datos de propiedad estadounidense en la región. Varios Estados del Golfo se habían posicionado como ubicaciones atractivas para la construcción de infraestructuras de IA debido a la disponibilidad de energía a bajo coste y al acceso a tecnología avanzada y capital, indicó Rajan.

“Aún es pronto para evaluar el impacto del conflicto en estas estrategias de inversión”, señaló. “Las ventajas estructurales que tenían antes siguen vigentes y existen. Dicho esto, el riesgo geográfico ha aumentado, lo que podría influir en el calendario y la escala de algunos de estos proyectos”.

(computerworld.es)

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