Geopatriación y nube soberana: cómo los datos vuelven a su origen

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Las decisiones tecnológicas no escapan al contexto macro en el que deben operar las empresas que las toman. Por eso, la política, las amenazas emergentes o la normativa marcarán la agenda de los directores de TI durante los próximos doce meses, haciendo que algunas de las ideas que dominarán el mercado estén muy conectadas con estas cuestiones. Así, entre las tendencias que Gartner ha identificado que marcarán la agenda tecnológica a lo largo de 2026, se encuentra la geopatriación (o geopatriation, en su origen en inglés).

Gartner la define como la “reubicación de las cargas de trabajo de un entorno de hosting en la nube —típicamente en una nube pública hiperescalar— que se percibe que implica riesgos geopolíticos al alza, a una alternativa de entorno de almacenaje que ofrece mayor soberanía”. El almacenamiento migra así a nubes soberanas o incluso a centros de datos on-premise, en un intento por reducir riesgos y mitigar potenciales problemas. Ante un contexto en el que se abren muchos interrogantes, se podría decir que se repatrían los datos.

La consultora ha llegado a esta conclusión no solo por lo que está viendo en líneas generales en el mercado, sino también tomando el pulso directamente a los responsables de las empresas. Durante la primera mitad de 2025, Gartner registró un aumento del 305% (frente al segundo semestre de 2024) de las peticiones de información sobre cómo mitigar la exposición que puede provocar usar proveedores globales. 

La consultora espera que, para 2030, el 75% de las compañías europeas y de Oriente Próximo hayan geopatriado sus cargas virtuales, frente al 5% que lo hacían ya en 2025.

La edad de oro de la nube soberana

Esta tendencia no es, al final, más que una cara más del boom de la nube soberana, uno de los términos al alza en la industria tech, omnipresente en los análisis de tendencias y recurrente ya en los productos que presenta el sector.

El crecimiento de la soberanía cloud ha sido “exponencial” en los últimos doce meses, confirma Alfons Buxó, líder de ingeniería global de Deloitte, “posiblemente espoleado por los mensajes que erosionan las alianzas tradicionales”. En la apuesta por la soberanía cloud, se busca “mayor autonomía digital, protegiendo los intereses comunitarios, a la par que desarrollar una industria crítica”.

Pero ¿de qué hablamos exactamente cuando hablamos de nube soberana? “La clave para comprender la nube soberana es que no se trata de un concepto “único para todos”, puntualiza Héctor Sánchez Montenegro, director de tecnología nacional en Google Cloud Spain. “Dependiendo de la ubicación, el sector o el contexto normativo, la soberanía tiene un significado diferente para cada cliente”, suma. Google ofrece ya nubes soberanas, cuya garantía de soberanía “no se basa en un único producto, sino en una estrategia de ‘defensa en profundidad’ que separa la tecnología de las operaciones”. “Entendemos que la soberanía no es binaria, sino un espectro de necesidades que garantizamos a través de tres niveles de aislamiento y control”, indica.

“La soberanía es un espectro continuo, no una función digital”, añade Buxó. En el caso de la Unión Europea, se tienen en cuenta, señala, “conceptos como la regulación que se aplica, la autonomía operacional, la propiedad de los activos o los stacks tecnológicos, entre otros”.

Por tanto, no hay soluciones mágicas ni respuestas que encajen para todas las empresas y todas las ocasiones. “Las organizaciones tendrán que reevaluar sus estrategias digitales, con el fin de entender y decidir la mejor opción para cada caso. Seguiremos con clouds privadas, clouds públicas y clouds soberanas”, apunta Buxó.

Los retos del contexto

Una de las certezas de este boom de la nube soberana es que el creciente interés está muy conectado al contexto en el que operan organizaciones, empresas y demás usuarios finales cloud.

Uno de los elementos que han empezado a marcar las decisiones normativas y políticas en los últimos años es la mayor preocupación por la soberanía digital. Si en a inicios del siglo el concepto no tenía tanto recorrido, en esta década se ha convertido en ubicuo, especialmente a medida que las decisiones políticas en varios países han afianzado la tecnología como un activo geoestratégico más. ¿Se ha convertido entonces la soberanía del dato en una pieza más de la búsqueda de una soberanía digital?

“La soberanía del dato es una parte fundamental, no la única pero sí la más importante, de la soberanía digital, hasta el punto de que en la práctica se está convirtiendo en un requerimiento exigido en la contratación”, responde María Loza Corera, profesora del  Máster en Ciberseguridad de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR). “La inestabilidad geopolítica actual, unida a la dependencia de infraestructuras digitales que pertenecen a determinados hiperescaladores a nivel mundial (concentración tecnológica) y el marco legal europeo, han provocado el acento en la búsqueda de la soberanía digital, por ser una condición necesaria para la soberanía política y económica”, añade. Los últimos movimientos normativos europeos ya van en esa dirección, como ocurre con la Estrategia Europea de Ciberseguridad, en la que se habla de resiliencia y soberanía tecnológica. Europa quiere romper la dependencia externa, para lo que la información tendrá que pasar por infraestructuras propias. Y no esta sola.

Además, no se trata solo de una cuestión de quién posee las infraestructuras o las soluciones, sino también de qué ocurre cuando el escenario se vuelve cambiante y un tanto incierto. Al fin y al cabo, eso es lo que ha pasado en los últimos cinco a seis años, con los efectos de la pandemia, el inicio de la guerra en Ucrania o las tensiones políticas generadas por los cambios en el poder en Estados Unidos. Si el mundo se vuelve inestable, nadie quiere que su tecnología se convierta en un daño colateral.

“En el actual contexto geopolítico, la Unión Europea, Canadá y otros países se han dado cuenta de las dependencias en materia digital de terceros”, añade Buxó. “La cloud soberana es una consecuencia de esta reflexión e impacta no solamente a sectores críticos, como defensa o seguridad nacional, sino que comienza a ser un tema relevante para otros sectores fuertemente regulados como banca, farma y sanidad”, suma.

Igualmente, la presión normativa se convierte en un punto de conflicto y tensiones, como ocurre entre Estados Unidos (y su gigantesca industria tecnológica) y Europa (y sus crecientes regulaciones sobre el mercado tech y las obligaciones de sus players). Un cambio normativo o una lucha de poder entre diferentes estados puede hacer que las certezas tecnológicas de ayer se conviertan en dudas para el mañana.

Todo se ha vuelto más inestable. “Sin duda, el panorama tecnológico se ha vuelto más incierto y, como consecuencia, más complejo”, concede Buxó. “El objetivo es entender los riesgos, mitigarlos donde haga falta y crear opciones adicionales a las existentes”, añade. “Es evidente que nos encontramos en un momento crucial”, apunta Loza Corera. “Los datos son un activo empresarial clave que debe protegerse”, indica, y el contexto geopolítico marca y acelera las decisiones. La nube soberana florece en ese nuevo escenario.

A todo ello se suma el boom de la inteligencia artificial, que está llevando a más empresas y más organismos públicos a la nube. “A medida que estas organizaciones aceleran su transformación digital para aprovechar el potencial económico de la IA necesitan específicamente controles sólidos de soberanía digital”, explica Sánchez Montenegro. Con más soberanía y más control sobre qué ocurre con la información, las puertas de la IA se abren hasta para los sectores más delicados y que usan información más blindada en términos normativos.

“El salto a la nube soberana no es una retirada defensiva, sino una modernización estratégica”, apunta este experto, que no está marcada así o por la presión normativa o o por la preocupación por el impacto de la geopolítica en la infraestructura TI. “Rara vez se trata de una elección binaria entre una u otra opción”, indica, aunque sí destaca que “estas dos fuerzas han convergido en una única prioridad estratégica: la resiliencia”.

¿Infraestructura made in Europe?

Si la información debe quedarse cerca y si entramos en la era de la soberanía del dato, ¿supondrá esto que también va a cambiar el panorama tecnológico? El propio análisis de Gartner sobre la creciente geopatriación advierte, con todo, de que “muchas organizaciones se dan cuenta rápidamente de que las alternativas locales pueden ser poco apetecibles y disruptivas”. Para los proveedores cloud locales, sin embargo, el panorama se presenta como un potencial maná caído del cielo. Para los hiperescaladores globales, la tendencia de mercado los está llevando a que “aceleren las opciones de soberanía” para tranquilizar a los clientes y no perder cuota de mercado.

Pero, si tres de cada cuatro empresas europeas repatriarán su carga de datos, ¿se hará necesario contar con una infraestructura autóctona? Desde Gartner prevén que “la mayor parte del gasto en nube soberana provendrá principalmente de nuevas soluciones digitales o cargas de trabajo heredadas que esperan ser migradas a un entorno de nube”, explica Rene Buest, director senior analista en la consultora. “Los proveedores locales de cloud se beneficiarán de ello”, señala.

La gran cuestión es, por tanto, si se reorganizará el mercado cloud. “Sin duda, esto ya está sucediendo. Vemos cómo los hyperscalers han desarrollado clouds soberanas de diferente índole y aproximación”, responde Buxó, que también destaca el interés de las telecos “en entrar en el panorama de la soberanía, así como jugadores que ya apostaron por ello y ahora tienen mayor relevancia”. “Hemos pasado de una fase en la que primaba la escalabilidad y eficiencia a otra en la que prima el control sobre los datos, lo cual pasa por el aspecto geográfico y la normativa aplicable”, suma Loza Correa, quien puntualiza, eso sí, que una ubicación geográfica en Europa no implica por sí sola el cumplimiento con la normativa de la UE.

Europa ha lanzado ya marcos de trabajo (como el Cloud Sovereignty Framework) o ha anunciado futuras inversiones en gigafactorías y otras infraestructuras. Aun así, esta es una carrera de fondo y una que requiere un compromiso ambicioso. “Para aprovechar al máximo el valor económico de la IA, Europa necesita triplicar la capacidad de sus centros de datos en los próximos cinco a siete años, una tarea que requerirá una inversión estimada de 400.000 millones de euros en infraestructura digital”, señala Sánchez Montenegro echando mano de un informe reciente del Implement Consulting Group en colaboración con Google Cloud. Su compañía, recuerda, está ya trabajando con una expansión propia en nube europea.

Por supuesto, no son los únicos. Aunque, eso sí, el tiempo dirá si este cambio en el mercado supondrá una potencial nueva era para la nube europea.

(computerworld.es)

Seguiremos brindándote más información sobre este tema en las siguientes presentaciones físicas y digitales de Channel News Perú

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