El riesgo climático debe formar parte del debate sobre el crecimiento de los centros de datos
La carrera por desplegar infraestructura de inteligencia artificial suele medirse en capacidad de cómputo y capital invertido, pero el límite podría estar en otro lado: en el entorno físico y regulatorio que sostiene a los centros de datos. Es la advertencia de Ted Krantz, CEO de la firma de gestión de riesgos interos.ai.
Krantz se apoya en el informe anual de predicciones de su empresa, según el cual el 20 % de los centros de datos del planeta queda expuesto a un riesgo elevado de inundaciones, huracanes, olas de calor o incendios forestales durante el verano. Cerca del 40 % de esas instalaciones está en Estados Unidos, país que concentra más de la mitad de la infraestructura mundial. El punto central, subraya, es que el riesgo climático no es uniforme a lo largo del año: se agudiza justo cuando coinciden la mayor demanda de refrigeración y la presión sobre la red eléctrica. Además, los eventos extremos pueden provocar fallas simultáneas en regiones que comparten clima, cuencas o redes de suministro, lo que pone en duda los planes de redundancia basados en fallos aislados.
A largo plazo, el cuadro se complica. Según las proyecciones citadas, más de 100 centros de datos ya existentes están en zonas que alcanzarán sus máximos niveles de riesgo climático dentro de 15 años, por aumento del nivel del mar, calor extremo o incendios. Elegidos por incentivos fiscales, disponibilidad de terrenos o cercanía a los usuarios, esos emplazamientos podrían enfrentar mayores costos de seguros, obras de refuerzo o presión normativa antes de agotar su vida útil. Para las nuevas construcciones, la pregunta es si se diseñan para el clima de hoy o para el de la década de 2030 en adelante.
El agua aparece como otra restricción de peso. La refrigeración es una de las mayores fuentes de consumo hídrico en estas instalaciones, y alrededor del 18 % de los centros de datos del mundo se encamina hacia categorías de riesgo extremo de sequía. Esa exposición se concentra en zonas que también son polos de crecimiento de la nube y la IA, como regiones de Estados Unidos, Brasil, Australia y China. El autor menciona a Chile entre los gobiernos que examinan con más rigor a los grandes consumidores de agua en periodos de sequía, y advierte que los operadores podrían ver limitado su uso justo en los picos de demanda.
A esto se suma lo que Krantz llama riesgo regulatorio y de soberanía. En países con alta volatilidad política o gobiernos autoritarios, afirma, el peligro incluye intervención estatal, exigencias de localización de datos y mayor acceso del Estado a la infraestructura. Como ejemplo de cómo los activos a hiperescala pueden quedar atrapados en conflictos, recuerda el ataque con drones que dañó infraestructura vinculada a AWS en Emiratos Árabes Unidos y Baréin durante un periodo de tensión regional. En su opinión, el cifrado y la segmentación reducen la exposición pero no eliminan este riesgo estratégico.
La conclusión del ejecutivo es que la expansión de la IA continuará, pero no garantiza por sí sola resiliencia. Terreno, red eléctrica, agua, estabilidad climática, permisos y marcos soberanos están bajo presión al mismo tiempo, y la incógnita es si la selección de sitios, la inversión y los modelos operativos se adaptarán antes de que esos factores se vuelvan límites estructurales.
(datacenterdynamics.com)
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