Preparar nuestra infraestructura digital para hacer frente al cambio climático
Los eventos climáticos extremos dejaron de ser una excepción para convertirse en un riesgo estructural para la infraestructura digital, según un análisis del consultor en sostenibilidad e innovación digital Duncan Hill, de la firma Ramboll. El planteamiento central es contundente: la mayoría de los centros de datos del mundo se diseñan bajo una premisa que ya no se sostiene, la de que el clima futuro se comportará como el pasado.
El texto recuerda que en 2022 Londres registró por primera vez 40°C, un episodio que coincidió con la caída simultánea de centros de datos de Google Cloud y Oracle, no por un ciberataque, sino por el calor. Meses antes, una ola de calor en California había inhabilitado otra gran instalación. Lejos de ser hechos aislados, el análisis apunta a que los diez años más calurosos registrados en la historia ocurrieron todos entre 2014 y 2024, mientras que buena parte de las instalaciones se sigue proyectando para operar 25 años con base en registros meteorológicos históricos.
El calor, un problema que crece con la IA
La refrigeración representa alrededor del 40% del consumo eléctrico típico de un centro de datos, una proporción que aumenta a medida que la inteligencia artificial y la computación de alto rendimiento elevan la densidad de los racks de servidores. El análisis advierte que la mayoría de los modelos de capacidad siguen sumando estas nuevas cargas a los parámetros históricos de refrigeración, asumiendo que el día más caluroso de las últimas tres décadas seguirá siendo el peor escenario posible en las próximas tres.
Ese supuesto genera puntos ciegos costosos: las olas de calor se prolongan, las noches ya no se enfrían lo suficiente y las redes eléctricas pierden capacidad justo cuando más se necesita, porque el calor extremo dispara el consumo doméstico de aire acondicionado y reduce la eficiencia de las líneas de transmisión. Según cifras de Goldman Sachs citadas en el artículo, la demanda energética de los centros de datos podría crecer 165% para 2030.
Incendios, sequías y huracanes: riesgos que ya no son hipotéticos
El análisis identifica otros tres frentes que ya afectan a la operación de centros de datos en distintas regiones:
- Incendios forestales, que hoy se producen durante todo el año en algunas zonas y cuyo humo puede dañar equipos electrónicos mucho antes de que el fuego llegue a las instalaciones, además de forzar apagones preventivos que pueden durar varios días.
- Estrés hídrico, ya que la refrigeración por evaporación puede llegar a consumir hasta cinco millones de galones de agua al día, un recurso cada vez más escaso en múltiples regiones.
- Huracanes más intensos, que concentran la mayoría de los cortes de suministro eléctrico de larga duración, especialmente cuando el daño a la red se combina con daños físicos directos a las instalaciones.
Mapas de riesgo desactualizados
Otro punto crítico señalado en el artículo es que gran parte de la planificación de nuevos centros de datos todavía se apoya en mapas de inundación construidos con patrones históricos de lluvia, que hoy resultan insuficientes: por cada grado Celsius de calentamiento, el aire retiene alrededor de 7% más de vapor de agua, lo que intensifica las tormentas.
Como ejemplo, el autor describe un proyecto de evaluación de emplazamientos para una empresa tecnológica global en una región propensa a huracanes, que combinó registros históricos con proyecciones climáticas de alta resolución. El resultado mostró que las lluvias hoy clasificadas como eventos de «100 años» podrían repetirse cada 35 a 45 años durante la vida útil de una instalación. Tras evaluar más de 200 ubicaciones candidatas y priorizar emplazamientos con menor exposición al riesgo, la compañía estimó un ahorro superior a US$10 millones en costos por interrupciones a lo largo de 25 años.
El clima también se volvió una condición contractual
Más allá del riesgo físico, el análisis subraya un cambio en las exigencias comerciales: las grandes empresas tecnológicas, principales clientes de capacidad de centros de datos, contabilizan los servicios de nube y colocación que contratan dentro de sus emisiones de Alcance 3, lo que convierte la huella de carbono de cada instalación en un factor que incide directamente en sus propios objetivos climáticos corporativos.
Como consecuencia, los equipos de compras piden cada vez con más frecuencia datos de emisiones por hora, detalle sobre el origen de la energía renovable utilizada y planes verificables de reducción de emisiones durante la vigencia del contrato. Los operadores que incorporan la intensidad de carbono como criterio de diseño, señala el análisis, logran mejores condiciones comerciales y contratos más largos; los que la ignoran enfrentan términos más estrictos y adaptaciones costosas después de construidas las instalaciones.
La recomendación: llevar el clima a la mesa de decisión
El artículo concluye que ya existen los datos y las herramientas necesarias para anticipar condiciones climáticas futuras, y que el mejor momento para actuar es la selección del terreno, antes de iniciar cualquier construcción. Junto a variables ya habituales como el costo del suelo o el acceso a redes de fibra óptica, propone incorporar con el mismo peso la exposición al calor, el riesgo de inundación e incendios, el estrés hídrico y la vulnerabilidad ante tormentas.
La recomendación se extiende a juntas directivas e inversionistas, a quienes plantea exigir criterios de diseño adaptados al clima en todo proyecto relevante, así como a empresas de servicios públicos y gobiernos locales, llamados a integrar el crecimiento de los centros de datos en la planificación de sus redes eléctricas. Dado que estas instalaciones seguirán operando más allá de 2050, el mensaje de fondo es que todo modelo financiero del sector debería incorporar, de forma explícita, un presupuesto para el riesgo climático.
(datacenterdynamics.com)
Seguiremos brindándote más información sobre este tema en las siguientes presentaciones físicas y digitales de Channel News Perú
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