El reto de la fibra óptica para dar soporte a la explosión de la Inteligencia Artificial
Todos los días, sin darnos cuenta, usamos inteligencia artificial decenas de veces. Un traductor, un asistente de voz que nos indica el camino, una sugerencia automática en el celular: la IA dejó de ser una promesa futurista para convertirse en rutina. Así lo plantea Luis Henrique Zimmermann, Senior Manager de Application Engineering para LATAM en Lightera, quien advierte que la verdadera pregunta ya no es qué es la inteligencia artificial, sino qué hay detrás de ella para que funcione tan rápido.
«Podemos decir que ustedes todos acá utilizan la IA por lo menos 5 veces al día, 10 veces, hasta 20 veces, y no percibimos más», señaló Zimmermann durante su participación en el ICT Summit Peru 2026. Esa omnipresencia, agrega, no es casualidad: es el resultado de una adopción sin precedentes. Mientras Google Traductor —a su juicio, «el primer sistema de IA que casi todos utilizamos»— tardó 78 meses en alcanzar 100 millones de usuarios, ChatGPT logró la misma marca en apenas dos meses.
Miles de herramientas, una sola exigencia: velocidad
Hoy existen, según cifras que cita el propio Zimmermann, más de 10.000 herramientas de inteligencia artificial disponibles en el mercado. Muchas se usan sin que el usuario promedio sepa exactamente qué tecnología hay detrás. Pero todas comparten una misma exigencia: la rapidez de respuesta.
Y esa velocidad, explica, no puede sostenerse sobre las redes de cobre tradicionales, limitadas en capacidad y alcance. «La IA necesita de alta respuesta, alta disponibilidad», dice, y ahí es donde entra en escena la infraestructura óptica: la columna vertebral invisible que permite que un asistente virtual responda en milisegundos o que un datacenter procese volúmenes masivos de tráfico sin interrupciones.
«La IA no es una moda. Es una realidad. Y está presente para quedarse», afirma con contundencia.
Tres pilares para sostener la revolución
Para Zimmermann, garantizar que las redes ópticas estén a la altura de lo que exige la IA depende de tres factores que, según él, muchas veces se pasan por alto en los proyectos de infraestructura.
El primero es la marca. No cualquier proveedor, sino uno con trayectoria y respaldo comprobado. «Que tengan histórico, reputación, que te apoyen cuando tienen una falla. Porque falla puede existir en cualquier momento», explica. La participación de esas marcas en asociaciones del sector, como BICSI, es para él una señal de compromiso con la calidad y la innovación.
El segundo pilar es la certificación independiente. Zimmermann distingue entre dos sellos que suelen aparecer en esta línea de producto: UL y ETL (adamás de TMP y 3P). «Cuando hablamos acá de UL, para mí viene siempre el tema de flamabilidad», dice, mientras que asocia la certificación ETL —cuyo origen se remonta a los laboratorios de pruebas eléctricas de Thomas Edison— con el desempeño verificado. En sus palabras: «Pienso siempre en performance ETL y UL como seguridad.»
El tercer pilar, y quizás el más humano de los tres, es la capacitación de quienes instalan y mantienen estas redes. «Tenemos que tener una buena mano de obra capacitada para sacar el máximo posible» de la tecnología, insiste. Sin técnicos formados, advierte, ni la mejor marca ni la certificación más rigurosa bastan para que una red funcione como se espera.
Cables que se enrollan y datacenters que se transforman
Uno de los cambios más visibles que trae esta nueva era es el tipo de cable que se está instalando dentro de los datacenters. Zimmermann pone como ejemplo los cables ribbon enrollables, una evolución de las cintas planas de fibra que se usaban hasta hace apenas cinco años. «Va a reducir el tamaño de los cables», explica, gracias a una estructura más flexible que permite empaquetar muchas más fibras en un diámetro menor.
El impacto es considerable: cables que antes debían ser mucho más gruesos ahora pueden alcanzar entre 3.000 y 6.000 hilos de fibra en espacios reducidos, algo clave en datacenters cuya arquitectura rígida —de varios niveles interconectados— multiplica por diez la cantidad de fibra necesaria para la interconexión de equipos.
Pero esa mayor capacidad trae consigo un desafío operativo. Trabajar con estos cables exige herramientas y accesorios específicos: rotores especiales para alinear 12, 16 o 24 hilos, un stripe térmico para retirar el acrilato sin dañar las fibras, y clivadores y sleeves adecuados a cada dimensión. «Tienen que tener atención porque tenemos ribbons de 200 y 250 micrones», advierte Zimmermann, ya que confundir el tipo de fibra en una fusión puede resultar costoso.
La verdadera dificultad, sin embargo, está en el manejo físico del cable. «La complejidad de apertura de un cable ribbon… tiene que conocerse, tiene que abrirse como una flor, tiene que identificarse bien los grupos para que se pueda hacer la fusión del hilo correcto con el grupo correcto», detalla. Un error en ese proceso, señala, se traduce directamente en una mala conexión.
La próxima frontera: fibra sin vidrio
Más allá del presente inmediato, Luis Henrique Zimmermann proyecta un cambio tecnológico en el futuro: la fibra óptica hueca, conocida como OCA, pensada para resolver uno de los problemas más sensibles para la IA, la latencia, especialmente en las conexiones entre datacenters.
A diferencia de la fibra tradicional, que transmite la señal a través de un núcleo de vidrio, la fibra OCA elimina ese vidrio central y transmite la luz por un tubo o guía de onda de aire. El resultado, según explica, es una reducción del tiempo de transmisión de 4,8 a 3,35 microsegundos por kilómetro. «Esto quiere decir que se gana 30% la latencia», afirma. «Treinta por ciento menos la latencia, treinta por ciento más rápido la comunicación.»
Por ahora, aclara, esta tecnología se aplica sobre todo en soluciones de laboratorio y pruebas piloto con clientes, y su despliegue a gran escala requerirá no solo la fibra en sí, sino también equipos activos y conectores diseñados específicamente para aprovechar esa ganancia de velocidad.
Una infraestructura que no se ve, pero que lo sostiene todo
El mensaje de fondo que deja Zimmermann es claro: la inteligencia artificial que millones de personas usan a diario sin pensarlo depende de decisiones de infraestructura que rara vez se discuten en público. Marca, certificación y capacitación —los tres pilares que repite a lo largo de su intervención— son, para él, la garantía silenciosa de que esa IA seguirá respondiendo con la velocidad que el usuario ya da por sentada.
«Sacar el máximo posible de la performance de la tecnología» no depende únicamente de los algoritmos, concluye, sino de la fibra, los conectores y las manos capacitadas que hacen posible que todo eso llegue, a tiempo, hasta el usuario final.
Seguiremos brindándote más información sobre este tema en las siguientes presentaciones físicas y digitales de Channel News Perú
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