La resiliencia cibernética comienza con una infraestructura más inteligente

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Por Iain Davidson, Head of Product Marketing – Wireless Logic


El año pasado quedó patente lo vital que es la red eléctrica para la vida cotidiana. En abril, España y Portugal sufrieron un apagón generalizado a raíz de un fallo técnico. El apagón paralizó varias ciudades importantes, lo que provocó trastornos en empresas, colegios, hospitales, el transporte y otros servicios esenciales. Según informes posteriores, los apagones se debieron a un fallo en un regulador de la red.

Acontecimientos como este ponen de relieve no solo la inevitabilidad de los fallos en sistemas complejos, sino también la importancia de que las redes sean a prueba de fallos. Eso significa aislar las averías, mantener la continuidad siempre que sea posible y permitir una recuperación rápida y fluida.

Estos mismos principios de resiliencia, redundancia y recuperación por diseño han impulsado el auge de las tecnologías de la nube y el IoT. Lo que antes se consideraba secundario, ahora es fundamental para el funcionamiento de las redes energéticas modernas. Los dispositivos conectados, la computación en el borde y la infraestructura escalable permiten el seguimiento en tiempo real, el control remoto y la gestión distribuida de la energía. Esto conduce a un uso más eficiente de los recursos, una reducción de los residuos y operaciones más sostenibles.

Sin embargo, una mayor conectividad conlleva un mayor riesgo, y a medida que las redes se vuelven más inteligentes, la línea entre las amenazas cibernéticas y las físicas se difumina. Por ello, la capacidad de detectar, aislar y responder a los ataques es ahora tan importante como la recuperación ante fallos. Los centros de datos desempeñan un papel fundamental en este ecosistema. Ya no son solo centros de almacenamiento, sino centros de control activos que respaldan la detección de amenazas impulsada por la IA, la toma de decisiones en tiempo real y un tiempo de actividad seguro.

Un ecosistema en expansión, una superficie de ataque cada vez mayor

Este riesgo se ve amplificado por la complejidad del ecosistema conectado de la red, que se expande y está cada vez más distribuido. Los contadores inteligentes, los sistemas de gestión energética doméstica (HEMS), los cargadores de vehículos eléctricos, los sensores y las fuentes de energía renovable son ahora parte integral del panorama. Muchos de ellos son dispositivos de terceros, instalados fuera del control directo de los operadores de la red y que a menudo se encuentran «detrás del contador».

Si bien los fallos técnicos suelen poder gestionarse mediante unas buenas especificaciones y un buen diseño, la verdadera preocupación radica en otra parte. En conjunto, estas condiciones crean el entorno perfecto para las amenazas cibernéticas: una superficie de ataque cada vez mayor, un mosaico de dispositivos con estándares variables y una dependencia creciente del software y la conectividad.

Un sector bajo ataque

Las redes energéticas forman parte de las infraestructuras nacionales críticas, lo que las convierte en un objetivo atractivo para los ciberataques. IBM informa de que el 43 % de todos los incidentes cibernéticos registrados en Europa tuvieron como objetivo el sector energético. Estas amenazas van desde campañas de ransomware llevadas a cabo por grupos delictivos con ánimo de lucro hasta operaciones más sofisticadas por parte de Estados-nación diseñadas para interrumpir servicios esenciales.

Para hacer frente a algunos de estos retos, la Directiva NIS2 de la UE introdujo un marco jurídico unificado en 18 sectores, incluida la energía. Exige a las empresas energéticas que refuercen su resiliencia mediante la implementación de políticas sólidas para la seguridad de la cadena de suministro, la gestión de vulnerabilidades y la formación y sensibilización en materia de ciberseguridad. Además, en virtud de la NIS2, cualquier incidente cibernético grave que pueda causar una interrupción importante debe notificarse a las autoridades competentes en un plazo de 24 horas.

Más allá de los ciberataques, la red eléctrica se enfrenta a un riesgo oculto de cortes de suministro debido a su dependencia de una compleja red de proveedores externos. En consecuencia, las empresas energéticas deben garantizar que todos los productos y servicios de terceros dentro de la cadena de suministro cumplan con normas de seguridad como la NIS2. Entre las precauciones adicionales se incluyen la verificación de los componentes y la realización de rigurosos controles de seguridad para garantizar que estén suficientemente protegidos.

Elevar el listón de la resiliencia de la red

Las empresas energéticas deben tener muy en cuenta la resiliencia y la ciberseguridad a la hora de decidir cómo conectarse a la infraestructura del IoT y de los centros de datos. El sector cuenta ahora con una amplia gama de opciones de conectividad, desde redes de fibra y móviles hasta WiFi, LoRaWAN y satélite. Los proveedores deben seleccionar soluciones que ofrezcan comunicaciones seguras y críticas para la misión en toda la infraestructura local, regional y nacional.

Las redes móviles, por ejemplo, proporcionan una conectividad flexible, fiable y escalable. También pueden mejorar la seguridad mediante el uso de infraestructura de red privada y la detección de amenazas anómalas, que supervisa los patrones de tráfico para identificar, bloquear y notificar automáticamente a los operadores cualquier uso no autorizado o manipulación. Esto añade otra capa de protección a las implementaciones.

Independientemente del método de conectividad, la seguridad debe integrarse en todas las etapas de las redes energéticas. Los proveedores de conectividad, los fabricantes de dispositivos y los proveedores de soluciones deben considerar la ciberseguridad como una prioridad. Esto implica implementar la autenticación de la identidad de los dispositivos, garantizar una conectividad segura a la infraestructura de la red y establecer procesos sólidos que incluyan formación en ciberseguridad y la debida diligencia con proveedores y socios.

Mantener las luces encendidas

Cuando los sistemas energéticos fallan, el impacto en las personas y las empresas es inmediato. Para los proveedores de energía, las consecuencias van más allá de una interrupción temporal, con posibles repercusiones en la estabilidad económica, la confianza de la ciudadanía y la credibilidad del gobierno.

Las empresas energéticas deben garantizar que sus redes sean resilientes y capaces de recuperarse rápidamente, tanto si los cortes se deben a ciberataques como a fallos técnicos. Al mitigar el riesgo, pueden proteger unas operaciones preparadas para el futuro y mantener la red en funcionamiento.

(datacenterdynamics.com)

Seguiremos brindándote más información sobre este tema en las siguientes presentaciones físicas y digitales de Channel News Perú

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