Por qué el sobredimensionamiento en el diseño de los centros de datos está suponiendo un gasto desmesurado

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Por Craig McCall, Associate Director – Rimkus

En el ámbito de la construcción y la explotación de centros de datos, donde hay mucho en juego, la cautela se confunde a menudo con la prudencia. Los ingenieros y diseñadores se empeñan en evitar el riesgo en lugar de gestionarlo y reducirlo. Evitar el riesgo acaba provocando gastos innecesarios al incorporar amplios márgenes de seguridad, previsiones de demanda infladas y especificaciones de equipos excesivamente sofisticadas.

El resultado son centros de datos lastrados por capacidad ociosa, costes inflados y sistemas mucho más complejos de lo necesario. Términos como «preparación para el futuro» y «capacidad de reserva» se han convertido en la justificación por defecto del sobredimensionamiento, pero los estudios muestran que muchos centros de datos operan a solo el 50-60 % de su capacidad instalada, y que algunas instalaciones utilizan tan solo el 20-30 %.

Cada megavatio extra de energía no utilizada, cada unidad de refrigeración sobredimensionada, cada generador inactivo conlleva un coste oculto. No se trata solo de gastos de capital, sino también de ineficiencias operativas y de un mayor consumo energético. Las consecuencias pueden minar la confianza, tensar las relaciones y desencadenar disputas.

El sobredimensionamiento suele ser fruto de buenas intenciones. Las hipótesis de diseño iniciales, formuladas cuando las necesidades del usuario final aún no están claras o son incompletas, pueden consolidarse en decisiones definitivas. Los diseñadores se basan en precedentes, directrices genéricas o múltiples márgenes de seguridad, solo para descubrir que esa misma capacidad de reserva destinada a proporcionar flexibilidad suele quedar sin utilizar.

Cuando los picos previstos no se materializan, los sistemas quedan infrautilizados, lo que compromete tanto la eficiencia como la sostenibilidad. Las consecuencias financieras, medioambientales y operativas son considerables. El sobredimensionamiento de los equipos eleva los costes de capital y alarga los plazos de instalación. Los sistemas que funcionan por debajo de su capacidad son intrínsecamente menos eficientes, consumen más energía y aumentan su huella de carbono. Los sistemas más grandes pueden complicar la instalación y restringir el mantenimiento, especialmente en entornos con limitaciones de espacio. En algunos casos, la infraestructura sobredimensionada se convierte en motivo de controversia, y los clientes suelen cuestionar por qué se instalaron en primer lugar sistemas caros e infrautilizados.

Las investigaciones siguen poniendo de relieve este desajuste entre la capacidad instalada y el uso operativo real. La Encuesta Global sobre Centros de Datos 2024 del Uptime Institute informó de una baja utilización generalizada en todas las instalaciones, mientras que Schneider Electric señaló que el sobredimensionamiento genera «gastos excesivos de capital, mantenimiento y energía, del orden del 30 %». Estas cifras no son solo estadísticas; reflejan una ineficiencia sistémica con consecuencias financieras y medioambientales en el mundo real. La puesta en marcha suele poner de manifiesto el problema, y la adaptación o corrección de una infraestructura sobredimensionada resulta costosa, disruptiva y, en ocasiones, imposible sin un rediseño.

Para evitar el sobredimensionamiento es necesario implicarse desde el principio, establecer puntos de referencia claros y estar dispuesto a cuestionar los supuestos en cada fase del diseño. La verdadera adaptabilidad no se consigue construyendo en exceso, sino diseñando sistemas inteligentes y escalables. El uso de datos operativos y modelos predictivos permite que la infraestructura se ajuste estrechamente a la demanda real, mientras que las estrategias de expansión modulares o por fases aportan flexibilidad sin excesos.

Una documentación clara y una comunicación transparente de los supuestos de diseño garantizan que los clientes comprendan los fundamentos de las decisiones sobre la infraestructura y protegen a los ingenieros de posibles disputas posteriores. Cuando la capacidad de reserva se planifica cuidadosamente, favorece la agilidad operativa en lugar de sustituir el buen criterio de ingeniería.

En el panorama actual de los centros de datos, la prudencia debe ir de la mano de la precisión. El sobredimensionamiento ya no es una opción prudente, sino una carga que infla los costes, aumenta las emisiones de carbono, complica las operaciones y puede provocar disputas. La verdadera preparación para el futuro proviene de un diseño meditado y adaptable, no de previsiones especulativas. Al revisar los supuestos, alinear la infraestructura con las necesidades del mundo real y apostar por la transparencia, el sector puede ofrecer instalaciones que sean flexibles, rentables y sostenibles.

En la carrera por construir centros de datos que funcionen, el exceso de precaución es un error costoso que ya no podemos permitirnos.

(datacenterddynamics.com)

Seguiremos brindándote más información sobre este tema en las siguientes presentaciones físicas y digitales de Channel News Perú

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